María Ignacia Eyzaguirre, de Viña Encierra: Una tierra noble, cuatro generaciones y un vino con sello de mujer

“Me pueden despojar de cualquier cosa en mi vida, menos de esta tierra”, es la frase que resume la pasión y el amor que María Ignacia Eyzaguirre siente por el campo y por su viña. Tal vez, en las alturas, piensa en las cuatro generaciones que dieron vida a tantos vinos y personas que vivieron […]

“Me pueden despojar de cualquier cosa en mi vida, menos de esta tierra”, es la frase que resume la pasión y el amor que María Ignacia Eyzaguirre siente por el campo y por su viña.

Tal vez, en las alturas, piensa en las cuatro generaciones que dieron vida a tantos vinos y personas que vivieron de esa tierra. Y quién sabe, el vino que hoy más atesora, que siente como un hijo y con el que empezó a poner en práctica su profesión, es tan exitoso porque ese ensamblaje de 5 variedades, elegante y suave, representa el trabajo que brota de la tierra que tanto ama.

Dos veces a la semana está en Peralillo y la mayoría de las ocasiones agarra su auto, sube a la viña, pone música y contempla la tierra -y como ella dice- siente el arraigo, la pertenencia y la seguridad que solo esos campos le brindan.

La historia más reciente cuenta que su abuelo tenía una bodega llamada Cañetenes de Puquillay. Sus padres cuando recibieron la propiedad, la bautizaron como Los Vascos, la trabajaron exitosamente, llegando a ser los primeros del valle de Colchagua en exportar vinos embotellados. Después de años, y de trabajar de la mano con otras viñas, decidieron vender y la familia se quedó con 60 hectáreas y la casa patronal.

En ese momento, la decisión fue tajante: había que cerrar el ciclo del vino para dedicarse solo a producir uva. Pero la agrónoma – enóloga se opondría con todo y le rogó a su padre, apelando a su realización personal y profesional, para que le diera la oportunidad de seguir con la tradición familiar. Para ella, no seguir con el vino era como que le hubieran cortado los brazos. Cuando su padre le dice: “parte de nuevo, parte con este proyecto”, fue uno de los momentos más importantes de su vida.

María Ignacia es una enamorada de lo que hace y vibra cuando describe su trabajo, que no es poco, ya que parte con la producción de la uva, fertilización, riegos, podas y los cultivos. Después continúa en la bodega, que es un proceso más mecánico y finaliza con la venta del vino, que es una de las cosas que más le gusta porque cree que vender algo que uno ha hecho desde el inicio, es el sueño de cualquier profesional. De junior a gerente, así se define.

Hoy, Encierra es una viña boutique – familiar. Participan en ella, societariamente, su madre y su hermano Juan Carlos Eyzaguirre. Pero María Ignacia es la que trabaja activamente, haciendo absolutamente todo. Una mujer en un mundo de hombres. Algo que no le complica en lo absoluto porque, si bien aún quedan trabajadores de la vieja escuela, es algo manejable si uno los escucha y complementa la experiencia de ellos con el conocimiento de uno. Ese el secreto.

¿Pero cómo conjugar trabajo y familia con un quehacer tan demandante? La verdad es algo que no le quita el sueño porque cuenta con el apoyo absoluto de toda la familia. A su marido le encanta que trabaje y es otro aficionado al vino, así que cada vez que puede la ayuda. Por otro lado, sus hijos vibran con el proyecto y la aconsejan desde sus áreas de expertise (ingeniero agrónomo, comercial y arquitecto).

Actualmente, el campo tiene 170 hectáreas plantadas de viña, producen 30 mil botellas de Blend, 5 mil botellas de Carmenere y 3500 botellas de “Por él”, vino hecho en homenaje a su padre.  

En sus inicios, el objetivo de Viña Encierra era la exportación, pero con el correr de los años se dieron cuenta que el mercado interno era muy atractivo para sus vinos. En Chile se están consumiendo vinos de más alta calidad, y esa fue una las razones para poner atención en este mercado, sin desatender la exportación en países como Alemania, República Checha, Polonia, Brasil, Canadá.  

De este año que corre, hay hitos que no se pueden dejar pasar: el coronavirus y la vendimia. Sobre ellos, hay una mirada positiva. Para María Ignacia, el Covid-19 ha planteado la oportunidad de desarrollar nuevas estrategias, explorar el mundo de las redes sociales y potenciar fuertemente el canal e-commerce. En cuanto a la vendimia, este 2020 fue de una calidad excepcional y, por tanto, la calidad de los vinos resultantes fue impresionante. Para María Ignacia “Dios aprieta, pero no ahorca. Se tuvo buena fruta, buena acidez, buena concentración en todas las variedades”.

Y, finalmente, pese a la sombra de las amenazas que rondan al vino: cambio climático, crisis hídrica y la pérdida de viñas antiguas por negocios más competitivos, María Ignacia sigue soñando y ahora explorando el mundo del turismo. De hecho, antes de la crisis social, Viña Encierra ya tenía listo un quincho y se encontraban arreglando una casa en medio de las viñas. La idea es convertir el proyecto en una bodega tipo Cellar Door, destacando todos los atributos de la zona y de la tierra, esa que por cuatro generaciones ha estado presente en cada vino y que, junto a la inspiración de su padre, han hecho de Viña Encierra un sueño hecho a pulso y con la sensibilidad que solo una mujer puede darle.

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