Las claves de los cambios en la fruticultura chilena

Desde comienzos de los 80 a la fecha, la superficie frutícola de Chile se triplicó de 100 mil hectáreas a 300 mil, y al impulso productivo se sumó un fuerte incremento de las exportaciones. Varios son los elementos que sirvieron a esa transformación del sector, modificando el agro nacional.

No es fácil identificar un factor específico para explicar los cambios de la fruticultura en los últimos años y décadas, sino que se deben entender como un conjunto de elementos que han coincidido y se han sucedido para gatillar su crecimiento. Aun así, en todos los análisis aparecen como fundamentales la apertura de mercados internacionales a través de los acuerdos de comercio; la visión y olfato empresarial de los productores y exportadores; y el aumento de la productividad a través de la incorporación de tecnología y modernización de los manejos de los huertos.

 

Ampliando el mundo

Si bien Estados Unidos se mantiene como el principal destino para la fruta chilena, con el 35% de participación, en los últimos años las cifras evidencian una diversificación de los mercados, de la mano del aumento de los Tratados de Libre Comercio (TLC) y del avance en la obtención de protocolos fitosanitarios para el acceso de la fruta nacional a los distintos países. Estados Unidos y la Unión Europea representaban, en conjunto, más del 60% de las exportaciones, mientras que Latinoamérica y Asia reciben el 19% y 15% de la fruta chilena, respectivamente.

 

Crecimiento hacia el sur

Los primeros pasos de esta industria se dieron en el norte y en la zona central, principalmente con plantaciones de uva de mesa, carozos y manzanos. Sin embargo, la introducción de nuevos cultivos -como kiwi, arándanos, cerezas y nogales-, además del cambio climático y la menor disponibilidad de agua han ampliado la frontera frutícola de Chile. En los últimos diez años el área en que más crece la fruticultura es entre la IX y X Región, con un aumento de 207%, además de un alza de 63% en la superficie de frutales entre la Región Metropolitana y del Maule.

 

Buen ojo empresarial

La ampliación de la frontera frutícola chilena y la llegada de nuevas especies al país tienen detrás a las decisiones de los productores y empresarios agrícolas. Junto con el aumento en la producción de frutas y en las exportaciones ha crecido la infraestructura asociada a ello, y las cifras dan cuenta de su avance: desde 1985 a la fecha han aparecido 175 nuevas plantas agroindustriales, asociadas tanto a frutas como a hortalizas.

 

Nuevas tecnologías y manejo

Uno de los saltos importantes que definieron el destino del sector a comienzos de los 80 fue la incorporación del riego tecnificado, uno de los países con más alta cobertura en este tema con un 35%. Israel, país que tiene un gran desarrollo en esta materia, es cercano al 45%. A eso se suma el esfuerzo de los productores por diversificarse, para lo cual han incorporado nuevas variedades.

 

Menos mano de obra

En los últimos cinco años, con el desempeño de la economía y el auge de la minería, la disponibilidad de mano de obra en la fruticultura se redujo y su valor aumentó. La situación ha provocado que en muchas zonas se estén reemplazando especies con alta demanda de mano de obra, como la uva de mesa, por cultivos como los nogales, que demandan un décimo que las vides en este ítem. Frente a este cuadro, los gremios y expertos plantean que es necesario volver a hacer atractiva a la agricultura.

 

Uva de mesa seguirá siendo la fruta líder

Pese a los cambios de tendencia en las especies que lideran las exportaciones, donde destaca el fuerte incremento de las cerezas y nogales, además de la consolidación de los arándanos, la uva de mesa seguirá siendo la fruta líder en volumen de envíos a futuro.

 

Chile, ¿potencia alimentaria?

En 2006 se planteó la meta de ubicar a Chile entre los diez principales exportadores de alimentos dentro de un plazo de diez años. Un objetivo que se conoce con el eslogan de “Chile, potencia alimentaria”, pareciera haber ido perdiendo fuerza.

“Falta hacer menos declaraciones y más acción, y para eso se requiere de una evaluación que no está hecha. Tenemos que preguntarnos si realmente podemos ser potencia alimentaria, qué requisitos se necesitan, saber el potencial real de cada una de las regiones del país y en qué rubros, y sobre eso definir si nos puede ir bien”, critica Ronald Bown, presidente de Asoex.

 

Fuente: Revista de Campo

Compartir