Calidad de clase mundial: las condiciones únicas de nuestra tierra

La variedad no es al azar, y es que gracias a lo diverso de nuestros paisajes, que logran reunir en un solo país, distintos climas y tierras, podemos producir lo mejor en vinos y de los más increíbles sabores, muchos de los cuales han recibido prestigiosos premios internacionales.

Un viaje por Chile, es un viaje por el mundo. Sus paisajes nos evocan las más diversas postales, que se pueden obtener en países de otros continentes, pero todo está aquí, en un solo lugar. La inusual geografía de nuestro país, que presenta un territorio particularmente largo y delgado en comparación con su ancho, es una de sus varias características únicas. Con claros límites naturales, su límite norte es el Desierto de Atacama, uno de los más áridos del mundo, mientras que en el sur terminar en los glaciares de la Patagonia. Al este y por todo el borde el límite es la gran cordillera de los Andes, y al oeste, el Océano Pacífico. Cada una de estas barreras permite saludables procesos agricultores, casi orgánico por naturaleza.
Pero al hablar de vinos, no es esta larga y angosta faja de tierra la que entrega el aporte de variedad para la cosecha, ya que su ancho, logra ser más importante aún y es de cordillera a mar, donde podemos sorprendernos con su geografía y multiplicidad de tierras.

Cadenas montañosas que cruzan el país de este a oeste, que mantienen los causes de los ríos que van en la misma dirección, lo que ha formado a lo largo de millones de años, terrazas aluviales, que son especialmente valiosas para el cultivo de la vid.

De norte a sur el país tiene una gran variedad de climas, pero en el centro y en las más tradicionales regiones del vino, el clima es principalmente mediterráneo templado. Las lluvias se concentran en invierno y primavera, con una larga época de sequía que se prolonga hasta el otoño. La fuerte influencia ejercida por la fría corriente marítima de Humboldt y las frías brisas que descienden desde las montañas, crean una gran diferencia de temperatura entre el día y la noche, lo que es especialmente adecuado para la producción de uvas sanas.
Este mosaico de climas y “terroirs”, combinados con un sector vitivinícola con pocas restricciones para el cultivo y producción de vinos, explica el éxito de los vinos chilenos alrededor del mundo. Un ejemplo es el Clos Apalta, 2005 de la Viña Lapostolle, el cual en el 2008 ganó el primer lugar en el ranking anual de los 100 mejores vinos del mundo, de “World Spectator”. Vinos íconos de la Viña Errázuriz, Viña Seña y Viñedos Chadwick también han competido con sorprendente éxito frente a famosos vinos del Viejo Mundo en las diferentes versiones de las tan conocidas “Berlin Tastings” (Catas de Berlín). Por otra parte está Carmín de Peumo, el primer vino de gama alta hecho completamente con Carmenere, la única variedad de Chile que ha sido distinguido dos veces, habiendo ganado 97 puntos de Robert Parker, The Wine Advocate (“el defensor de vinos”).    

Compartir